
¿Acabas de encargarme una traducción y no sabes qué pasa desde que envías tu documento hasta que te llega el texto traducido?
Cuando un cliente se pone en contacto conmigo para pedirme que le traduzca un documento, a menudo el mensaje que me envía incluye frases como las siguientes:
—Necesito traducir un texto muy corto.
—Es un texto muy simple, de apenas unas líneas.
¿Quieres saber qué pasos sigo normalmente al realizar una traducción? ¿Te interesa conocer por qué un texto relativamente simple puede tener un plazo y una tarifa superiores a las que esperabas? ¡Sigue leyendo!
Examen del documento
El primer paso, muchas veces anterior al envío del presupuesto, consiste en examinar el documento que se va a traducir. En este momento analizo el texto para determinar si podré cumplir con el plazo que necesita mi cliente y qué tarifa aplicaré. Para ello, tengo en cuenta aspectos como la extensión (¿cuántas palabras?, ¿cuántas páginas?), el formato (¿tendré que convertirlo para poder editar el texto?), la temática (¿tengo recursos suficientes para realizar la traducción garantizando la calidad?), las posibles dificultades (¿la resolución del documento me impide ver con claridad lo que pone en algunas partes?, ¿hay muchas abreviaturas y acrónimos que tendré que investigar?) o los extras que se deben añadir al proceso de traducción (¿tengo que maquetar el texto?).
Traducción (propiamente dicha)
Llegó la hora de traducir, pero no te creas que soy una máquina que teclea sin parar. En este paso también es necesario realizar una buena labor de documentación y poner en práctica habilidades detectivescas. Los traductores recurrimos a multitud de fuentes: diccionarios, bases de datos terminológicas, textos paralelos, enciclopedias, artículos científicos, amigos especialistas en las materias sobre las que estamos traduciendo… ¡todo recurso es poco para asegurarnos de que estamos transmitiendo el mensaje con precisión y rigor!
Por ejemplo, el último texto institucional que he traducido ha sido una parte del Informe mundial sobre las drogas, en el que se citan continuamente diversos artículos científicos. En determinados pasajes era difícil entender de manera clara las conclusiones de los estudios citados, por lo que varias veces que tuve que buscar y leer el artículo completo para descifrar las afirmaciones que se hacían y no caer en errores de interpretación.
En lo que respecta a las traducciones juradas, uno de los últimos encargos que he realizado ha sido la traducción de un certificado de antecedentes penales. En este caso se citaba una norma europea sobre el intercambio de información de los registros de antecedentes penales entre los Estados miembros de la Unión Europea. ¿Qué tuve que hacer? Acudir a la versión bilingüe de esa norma para extraer la lista de términos y su traducción exacta, de forma que mi texto traducido pudiera cumplir su función adecuadamente.
A veces, incluso, he tenido que ponerme en contacto con la institución que emitía el documento para preguntar por determinada abreviatura o código. Por ejemplo, recuerdo que la primera vez que traduje un certificado de inglés de Cambridge escribí a varios centros examinadores buscando aclaración de qué significaba «UF (AM1)», que aparecía en el lugar donde se indicaba la fecha del examen (¡afortunadamente, casi siempre he recibido respuesta a mis dudas!).
Revisión
Cada traductora tiene su método de trabajo, pero nunca se nos olvida revisar nuestro texto antes de entregar la traducción —en mi caso, siempre hago dos revisiones—. En primer lugar, vuelvo a comparar los dos textos (original y traducido) para cerciorarme de que mi versión no contiene errores de traducción (falsos amigos, falsos sentidos, omisiones, adiciones…). Después leo el texto en español para asegurarme de que no hay erratas, errores gramaticales, incoherencias o dificultades para la lectura.
Maquetación
Aunque habitualmente la maquetación corresponde a otros profesionales, en algunos casos quien traduce el texto debe ocuparse también de la presentación. Por ejemplo, en las traducciones juradas normalmente se intenta emular el formato del documento original. Así, al traducir un certificado de notas, reproduzco las negritas, los cuadros de texto o las tablas en las que se consigna la información sobre las asignaturas, los códigos, los semestres o las notas obtenidas.
Envío
Por último, queda enviar la traducción al cliente. Aquí no se trata solo de adjuntar un archivo a un correo electrónico o de meter en un sobre la traducción en papel. Siempre trato de escribir una pequeña nota al cliente para que sepa cómo he realizado el trabajo y darle las gracias por haber contratado mis servicios. Además, en el caso de las traducciones juradas, hay que añadir los siguientes pasos: imprimir el documento original y la traducción; fechar, firmar y sellar cada una de las páginas; y escanear todas esas páginas para poder enviar la traducción también por correo electrónico (¡lo que también lleva su tiempo!).
¿Te ha resultado interesante conocer cómo trabajo?