¡Feliz Día Internacional de la Traducción!

El 30 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Traducción, pues se conmemora el fallecimiento de san Jerónimo, patrón de los traductores. San Jerónimo tradujo los textos bíblicos del hebreo y del griego al latín, pero no al latín clásico, sino a un latín corriente, el que se escribía y se hablaba de manera popular. De ahí que su versión de la Biblia se conozca como la Vulgata, ya que se trataba de la vulgata editio, la edición divulgada, para el pueblo.

Aunque san Jerónimo murió hace ya muchos siglos (concretamente en el siglo v), el Día Internacional de la Traducción no comenzó a celebrarse hasta el año 1991, cuando la Federación Internacional de Traductores decidió instaurarlo. Más recientemente, en 2017, la Organización de las Naciones Unidas, mediante su resolución 71/288, también decidió declarar el día 30 de septiembre Día Internacional de la Traducción, afirmando que «el papel de la traducción profesional, como oficio y como arte, es importante para […] acercar a las naciones, facilitar el diálogo, el entendimiento y la cooperación, contribuir al desarrollo y reforzar la paz y la seguridad mundiales».

El propósito principal de este Día es concienciar a la población acerca de la labor traductora, que muchas veces es desconocida, minimizada e incluso relegada a manos inexpertas. Por eso, en esta entrada quiero repasar brevemente qué es traducir, qué se necesita para ser traductor y dónde puedes acudir para buscar un profesional.

¿Qué es traducir?

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define traducir como «expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra». Sin embargo, esta definición es bastante simplista. Como dijo Anthony Burgess, la traducción no es solo una cuestión de palabras: se trata de hacer inteligible toda una cultura; una de las principales dificultades a la hora de traducir es que rara vez una palabra en un idioma tiene un equivalente exacto en otra. Piensa, por ejemplo, en todas las connotaciones que tiene en español la palabra sobremesa. ¿Crees que existe en algún otro idioma una palabra que implique esa conversación después de una comida, de manera relajada, con un buen café y tal vez con un licor de hierbas entre las manos?

Otro ejercicio rápido: intenta dejar la mente en blanco, y ahora… ¡piensa en un pájaro! Si me lees desde España, seguramente te habrá venido a la mente un gorrión. Tal vez una paloma. ¿Acaso una cigüeña? Ahora piensa en alguien que viva, por ejemplo, en Nueva Zelanda. ¿Crees que también habría pensado en una paloma? Es posible, pero su paloma sería bastante diferente de la tuya. También es probable que no se haya imaginado una paloma, sino alguna otra ave más típica de su país.

Lo que quiero decir con todo esto es que la lengua transmite toda una cultura, y cada palabra, por muy sencilla que nos parezca, está cargada de marcas culturales que hacen que la mente del hablante o del oyente se imagine una realidad concreta. En este sentido, el papel del traductor es estar atento para detectar aquellos aspectos que puedan dificultar la comprensión cuando el emisor y el receptor de un mensaje no comparten determinada información y servir de puente entre esos dos idiomas y culturas.

¿Qué formación y habilidades tiene un traductor profesional?

En el gremio traductoril se suele decir que igual que una persona no es pianista solo porque tenga dos manos, alguien que habla dos idiomas no es automáticamente un traductor. Para ser traductor se necesitan muchas otras competencias y habilidades.

En primer lugar, un traductor tiene un dominio absoluto del idioma al que traduce (normalmente, la lengua materna). Se da por descontado que el traductor maneja a la perfección la ortografía y la gramática de su lengua y que tiene habilidades de redacción impecables, pero también es necesario que domine otros aspectos, como los diferentes registros o las variedades lingüísticas. Por otro lado, tiene conocimientos amplios de los idiomas de los que traduce, pero ¡recuerda!, un traductor no es un diccionario andante.

Además, es importante la competencia (inter)cultural. Con esto no me refiero únicamente a que el traductor sabe que los españoles se echan la siesta después de comer y que los ingleses toman té a todas horas, estos tópicos son conocidos por casi todo el mundo. Un traductor profesional entiende que la lengua es reflejo de la cultura y, por tanto, está atento a todos los matices que impregnan un texto y que podrían escapar a ojos no expertos (juegos de palabras, referencias culturales específicas, frases hechas…). Por ejemplo, a un traductor profesional no se le habría pasado por alto que el formato de las fechas varía entre países, por lo que se podría haber evitado la terrible confusión que se relata en esta reciente noticia de El País.

La formación en traducción es clave, ya sea mediante el Grado en Traducción e Interpretación (o la antigua licenciatura) o mediante algún posgrado especializado. La formación en esta disciplina garantiza, por ejemplo, que el traductor conoce las diferentes técnicas de traducción (no es lo mismo traducir una serie de televisión que una sentencia judicial), que tiene habilidades de documentación (un profesional sabe dónde buscar la información necesaria para entregar una traducción de calidad) o que maneja a la perfección los recursos terminológicos (diccionarios, glosarios, tesauros…). Aparte de esta formación general, un traductor normalmente tiene formación especializada en los ámbitos a los que se dedica (jurídico, institucional, científico, económico…) y nunca deja de actualizarse para seguir mejorando los servicios que ofrece.

Por último, los avances tecnológicos también han llegado a la traducción, por lo que un traductor profesional tiene competencias informáticas específicas. Traducir en Word es posible (y en algunas ocasiones se trata de la manera más rápida y fácil), pero lo más habitual es que se trabaje con programas especiales, conocidos como herramientas de traducción asistida por ordenador. Estas herramientas facilitan la labor del traductor mediante memorias y terminologías, que ayudan a trabajar de manera más rápida y eficiente y a entregar trabajos de calidad y coherentes desde el punto de vista terminológico.

¿Qué te puede ofrecer un traductor profesional?

Hay un abismo entre lo que puede ofrecer una persona bilingüe y un traductor profesional. Si te duele la cabeza, lo más normal es que te tomes un paracetamol, pero si lo que tienes es un dolor agudo en el pecho, ¡seguro que vas corriendo a que te vea un médico! Pues lo mismo ocurre con la traducción. Si estás de viaje en un país no hispanohablante, una guía con las frases más comunes en el idioma de ese país (o incluso el traductor de Google) puede hacerte el apaño. Sin embargo, si lo que necesitas es presentar un informe médico en otro país porque padeces una enfermedad importante y necesitas un tratamiento específico… ¡más te vale que recurras a un traductor profesional!

Los peligros de no contratar a profesionales pueden ser muy graves. Por ejemplo, en 1980 un joven de 18 años ingresó en un hospital de Florida (Estados Unidos de América) acompañado de sus padres y otros familiares que solo hablaban español. Ellos trataron de explicar a los médicos los síntomas que presentaba el enfermo y dijeron que creían que tenía una intoxicación alimentaria. Un trabajador bilingüe tradujo intoxicado por intoxicated, palabra que en inglés significa estar bajo los efectos del alcohol o las drogas. Esta confusión hizo que los médicos diagnosticaran mal al paciente y le administraran un tratamiento erróneo, lo que le produjo al joven una tetraplejia.

Un traductor profesional, además de entregarte un texto libre de ese tipo de errores de traducción tan graves, te ofrece otras muchas ventajas. Contratar a un traductor profesional es garantía de que obtendrás una traducción correcta ortográfica y gramaticalmente (muchas veces incluso mejor escrita que el texto original) y adaptada al contexto en el que se va a utilizar (por ejemplo, con una variante lingüística determinada, con el registro adecuado para que el texto sea entendido por el destinatario o con una terminología específica). Además, un traductor profesional te ofrecerá un servicio posventa excelente, estará disponible para atender tus dudas sobre las decisiones de traducción que haya tomado, recibirá con agrado tus sugerencias y estudiará con detenimiento las objeciones que puedas plantear.

¿Cómo llegar a un traductor profesional?

Si alguna vez has tenido que encargar una traducción, es posible que no hayas sabido dónde buscar un traductor. La traducción (aún) no es una profesión colegiada, pero existen diversas asociaciones de traductores profesionales. Por ejemplo, en España existen, entre otras, Asetrad (Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes), APTIJ (Asociación Profesional de Traductores e Intérpretes Judiciales), Tremédica (Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias Afines), ACE Traductores (sección de traductores de la Asociación Colegial de Escritores) o ATRAE (Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España). Una buena forma de dar con un traductor profesional es hacer una búsqueda en sus directorios de socios.

A modo de cierre, te doy una pista rápida para detectar a un profesional de la traducción: si llamas o escribes a alguien porque quieres traducir un documento y ese alguien te bombardea a preguntas… ¡se trata de un traductor profesional! La traducción es una continua toma de decisiones, y para tomar las adecuadas necesitamos saber muchas cosas, así que no te extrañes si el traductor parece más un detective: ¿qué tipo de traducción necesitas?, ¿para qué quieres la traducción?, ¿quién va a leer el texto?, ¿para cuándo la necesitas?, ¿sabes quién escribió el texto original? ¡Y un sinfín de preguntas más!